DOS PROPUESTAS POSITIVAS PARA BENEFICIO DEL PAÍS

Venezuela ha sido gratamente sorprendida a mediados del 2022. Y el hecho provino, en primer lugar, por el anuncio gubernamental relacionado con la implementación de un Proyecto de Ley Orgánica sobre las Zonas Económicas Especiales (ZEE). Y luego, en segunda instancia, por la difusión de una propuesta empresarial privada que se formuló durante la Asamblea Anual de Fedecámaras, con base en una exposición dirigida a presentarle a los venezolanos el contenido de un profundo razonamiento que identificó como “Un Camino al Futuro. Venezuela 2035”.

Desde luego, a no ser por la particularidad de que la primera fue dada a conocer como una manifestación renovadora de la economía desde un enfoque gubernamental, y que la segunda responde a una visión de un empresariado organizado y formal que se resiste a ceder en sus esfuerzos, riesgos y el sostenimiento de su voluntad en beneficio del país, habría una abundancia de motivos en favor de muchas y saludables expectativas. Pero no fue así.

Se trató de dos alternativas que, al día de hoy, cuando el país casi está despidiendo al mes de julio y se espera el adelanto de lo que debería estarse produciendo económica y socialmente a finales del año en curso e inicio del venidero, la ciudadanía, sencillamente, una vez más, retorna al hábito histórico de esperar por hechos que, sencillamente, los arrastra la duda.

Para la Cámara Nacional de Comercio de Autopartes (Canidra), sus autoridades, afiliados y observadores nacionales e internacionales, desde luego, el hecho expuesto no es un accidente. Es una manifestación de buena fe de dos partes de la nación que, desde dos ángulos diferentes, le dicen al resto de los pobladores que disponen de alternativas apropiadas para hacer posible que el país supere los contratiempos e impedimentos, como los obstáculos que, en una década, provocaron una caída sensible y costosa del Producto Interno Bruto.

Si se quiere, emergieron con fórmulas propias para detener el crecimiento de la economía, contener la anarquización de las posibilidades de la recuperación, estimular una progresiva contención del  desplome del consumo, enfrentar  el debilitamiento del empobrecimiento de gran parte de la población, y, a la par de la acción conjunta con las autoridades, impedir el avance del virus global del Covid-19, como de estimular la reactivación de las empresas que debieron cerrarse, precisamente, ante la acción de dicho problema de salud.

Sin embargo, lo que se creyó que había emergido impulsado por propósitos para la acción conjunta, al día de hoy, se registra ante la población como un conjunto de buenos propósitos y mejores objetivos. Pero nada más. Además de que el escenario se da cuando, en distintos momentos, surgieron las apreciaciones y casi convicciones de que, finalmente, el Estado y el empresariado, habiendo coincidido en motivaciones conceptuales, pudieran sumar visiones y propuestas que habrían de convertirse en esfuerzos compartidos para beneficio del país.

Es innegable, la propuesta de las ZEE, concebida como una variable de la necesaria modalidad de la descentralización, siempre encontrará en el empresariado privado del país una respuesta positiva, de respaldo y de apoyo. Siempre y cuando, por supuesto, no pase a ser un formato de centralización que se acometa con el fin de reeditar propósitos ya superados.

Y en cuanto a lo expuesto por Fedecámaras, una vez más, el sector privado insiste en que las ansiadas metas concebidas como propósitos para el mediano plazo, a partir de una sinergia de esfuerzos que incluyan adicionalmente al sector laboral, no pueden asumirse de espaldas a las exigencias de la evolución y los cambios que ya viene impulsando la economía del futuro, y el desenvolvimiento de los nuevos hábitos del consumo.

Definitivamente, no es con la focalización de la gobernanza atada solamente al propósito de una dirigida forma de consumo, lo que habrá de impulsar la oferta, y menos de fortalecer la confianza de aquellos que invierten, en los esfuerzos sin objetivos competitivos dentro y fuera del territorio nacional.

La construcción de un camino al futuro, definitivamente, demanda mucho más que la centralización de esfuerzos y de acuerdo a un enfoque individualista. Tiene que haber heterogeneidad en la concepción del esfuerzo, como en la definición y aceptación de estrategias con miras al mercado nacional, y a las ventajas que ofrece la participación y presencia en el mercado internacional.

Canidra lo ha expuesto recientemente, en una reafirmación de objetivos y visiones de lo que significa estar en condiciones de competir dentro y fuera del territorio nacional. Y se trata de que, hasta tanto las distintas dirigencias de los diversos campos del esfuerzo venezolano no conciban el entendimiento de las partes como una capacidad real de atender el devenir de la economía del futuro, no habrá posibilidades para que Venezuela pueda superar los obstáculos que hoy, económicamente, la ubican en posiciones de minusvalía.

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